Guille... Guille... por qué te movés así cuando te estas durmiendo? Como si tuvieras espasmos musculares. Espasmos musculares.
Guille... a veces sentis que lloras pero no te mojas la cara? Como si estuvieras soñando que lloras, y te despertas y sentis la humedad, pero no podes tocarla...?
No son muchas las veces que sentí miedo de estar sobre un papel en blanco. Menos son las veces que lo vi como un duelo, como una amenaza enemistosa de lucha limpia. Más bien el papel se agolpaba en los dedos, y se mezclaba con la tinta como una danza callejera, con tierra, oscuridad y sin sombras. Y aunque los resultados eran primaveras de flores austeras, sonreía al sol sin poder abrir los ojos. Mientras releía, claro.
Era más bien un pasaporte gratuito a poder imaginarme lo que vivía en mi mente, y reclearlo, con colores, detalles y sombreados sutiles. Nada comercial, no demasiado complicado... solo unas lineas bien hubicadas y apariencias notables. Era una acción primaria, palabras lindas.
No hubicaba un resultado, no buscaba un lector, y no quería agradar a ningún anónimo.
Pero si había un peón comido a la primera de cambio, uno de esos que se olvidan en el pasar de las jugadas; que se me atravezaba en la garganta, y me hablaba al oído. A diferencia del grillo del ojo, el peón tiene corazón de lucha, y hambre de viajero, y contaba historias con detalles alegres, de lugares y rostros, de caras y miradas, y vos le creías... yo le creía. Con tanta ambiguedad y entre tantas lineas se recreaban sus inóspitas aventuras que podía ser el personaje principal.
Decía que había una princesa. Y yo soy, de mi papá.
Decía que tenía cabellos ocres como una hoja muerta junto a otras hojas muertas. Y mis crines se volvían tristes y sin vida.
Decía que casi nunca sonreía, pero cuando lo hacía, el podría haber pasado toda la vida mirando esa boca de nena. Y mis labios como lineas de la cara, se torcían.
Decía que era blanca como nieve. Y juro que fue mi primer cuento.
Decía que tenía un don escondido. Y yo metía las manos en el bolsillo.
Decía que había una espina en su pecho. Y me sacaba la ropa.
Decía que sus lágrimas se volvían diamantes tan afilados que cortaban. Y mis manos sangraban.
Decía que su pelo crecía y crecía y estaba siempre igual. Y tapaba los espejos.
Hacía dibujos. Y yo los pintaba.
Cantaba bajo al ducha. A duo conmigo.
Fotografiaba su reflejo en las ventanas. Y yo detrás de la cámara.
Dormía enroscada. Porque no era igual a dormir sola.
No son espasmos. Estoy revisando, requisando, si estan todos estos recuerdos bien acomodados. Si la almohada contiene a los chupasangre de mis malos pensamientos.Y si es así, tengo que saber si estoy viva o ya estoy muerta y no puedo moverme. Y si puedo moverme, tengo que saber que esté del todo viva, tengo que probar todo mi cuerpo.
Tengo que probar cada instante que se acerque. No puedo dejar afuera a los sueños y los hilos lógicos de sucesos ajenos. Tengo que probarlos. Tesis-antítesis. Puedo decir qué no es, y probar qué si es. Puedo hacerlo como sea, el resultado tendría que ser siempre el mismo. Pienso en la mano, se mueve. En el dedo, se mueve. Abro un ojo, lo cierro, abro el otro, lo cierro... me olvido si al otro lo abrí, lo vuelvo a abrir... me molesta más la luz en uno que en el otro, asique abro los dos al mismo tiempo y los cierro juntos. Hay que ser pareja con los pares. Sobretodo con los pies.
Todo parece moverse.
1 comenlabios:
Hay que ser pareja con los pares...
Excelente
cada día mejor!!!
papu
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