viernes 16 de septiembre de 2011

Alejandrito - Sandriño - Sandro - ALe

El sitio en donde estoy no tiene más de un metro, ni de ancho, ni de profundo. Las paredes a los costados son lo suficientemente altas como para no poder ver al resto de la gente, pero si me deja escucharlas. El piso tiene una alfombra gris de la tela más barata, y las paredes del cubículo, bordó oscuro, con ciertas reminiscencias de colores; también bastante económicas. Miro la esquina izquierda de hábitad cuadrado , y puedo ver la pared de atrás pintada de gris claro; se separaron las partes de la cajita al punto tal que se puede ver detràs. La pared está mal pintada, y tiene los golpes marcados de cuando armaron la estructura en la que estoy metida. Y no, no parece una ratonera, ni una casa de muñecas, ni un criadero de chanchos, ni un gallinero. Solo porque no huele como ninguna de esas cosas. Directamente no huele.

Tengo un derrame en el brazo, sangre en las encias, tozo y siento sabor a sangre, y ahora, sangra mi narìz y tengo cera con sangre en la oreja. ¿Es que mi sangre quiere huir? Por que es mia, mia, mia.

Por más precarias que parezcan las medidas 1m x 1m, me sobra espacio. Está mi bolso, una taza de café (que no debería tener), una factura (tampoco), mi bolso, hojas, una lapicera, tarjetas personales, cables, el cpu, el monitor, el mouse y el teclado. Parte de mis manos, a veces mis codos. Y sigue sobrando espacio. La próxima medida a tomar podría ser disminuir el tamaño en algunas cajas y dividir la gente por contextura física. Yo iría en las cajas pequeñas. Las muy pequeñas. Podríamos jugar al circo.

Son las 11.54hs. Las paredes siguen bordó, las de atrás siguen grises claras, y el piso está más gris que nunca

5

El cinco fue sin querer, mientras trataba de sacar una miga que se fue por el teclado.

Estoy escuchando a la jefa de mi jefe. Está hablando sobre cómo festejar el cumpleaños de... no se, alguien.
Interferencia. Pip pip piiip. pip.

Voy a atender una llamada, a ver. Gisella, no responde, escucho ruidos, pero nadie contesta. Hablan dos personas, lejos. Hola? Nada.
Otra. Ramón, Dni comienza en 8.000.000, me compró. Y no pasaron màs de 4 minutos. La cajita está contenta.

El tapizado de las sillas es de la misma tela que las paredes del cubo, el tono se ve màs oscuro, seguramente porque a las paredes les hacen tratamientos con químicos para erradicar pulgas y demases.
Pulgas. Alfombras. Estática. Luces de tubo y aires sin término medio. Los ellos. Los putos nosotros. La siempre muy nombrada flora y fauna autóctona.

Los ellos tienen sillas màs altas, y cubos sin paredes, para poder observarnos. En su cubículo podes encontrar mate, tarta, facturas, te, cafe, medialunas, carteras, bolsas, bolsos, fotos, dibujos, blackberrys, smartphones, iphones, ipads. Tienen un idioma propio nacido de una mezcla de tecnisismos con un spanish-anglosajonish. Hablan de TMO, de AVAYL, de AFTER, de BREAK, de ponete en 7, ponete en 4, de tiempo de CONECT, de "cómo puede ser que hayas estado 12 minutos sin atender" y de "te pasaste 40 segundos de break!". En sus momentos libres toman mate, comen, y hablan de sus publicaciones en faceb***.
El que se lleva bien con un ello es un oreja, un chupamedia, un vendido. El que se lleva mal, dura lo que un pedo en un canasto en un día de verano. El resto no existe. ¿Dónde estan?

El concepto darwiniano en estos lugares, está llevado al máximo esplendor. O te adaptas, o se comen tu cabeza. Son una secta de mantis religiosas que acaban de hacernos el amor a todos. Por no decir que nos la metieron hasta el fondo, por el culo, reiteradas veces.

Quieren nuestras ideas. Pero solo tienen nuestra salud mental.

Otra. Fernando, no quiere que pierda el tiempo así que me dice que no le interesa al 0.39 min de comunicación.

Hay cosas que uno no debe decir. Palabras que son irreversibles, como un reseteo completo, sin Esc y sin vuelta atrás. Acá, en este lugar, la palabra es nuestra materia prima, la sonrisa telefónica es un plus, una cereza (natural, no de las que parecen plásticas), y el resto, es historia. Una sonrisa real, historia. Un gesto amistoso sin espera de resultados a cambio, historia. Una pregunta sincera, historia. Una preocupación sobre asuntos ajenos, historia. Mucha historia, mucha historia, pero pocos saben cómo se le llama a un viajero del tiempo.

Son las 13.50hs, tres personas cayeron sobre mi red. Las palabras que usé, la forma en que las acomodé, es incorregible, tiempo pasado, pisado. Pero a esas palabras se les desfigura la cara, y poco a poco, pasan de parecerse a Rubén a convertirse en un tigre; en espera, de que vajemos la guardia, y puedan robarle a uno el alma.

Diez años atrás, hubiera escrito algo apasionante sobre cualquier mierda. Hoy, diez años después, escribo cualquier mierda, directamente. Odio la economía sintáxica cuando escribo. Amo repetir. Amo repetir. Amo repetir. Cualquier mierda.

Mierda!