lunes 22 de agosto de 2011

Ahora

Estoy sola de nuevo.
La heladera está descongelandose, y emitiendo extraños sonidos. Extraños olores.
Busqué el diario de ayer, pero saber qué día es hoy. Se que lo compré, recuerdo estar bajando las escaleras, contando las monedas en el bolsillo sin sacarlas, adivinando... deduciendo mejor dicho, su valor por su aspecto. Pensando, esperando, que el diario siga saliendo lo mismo que antes de ayer.

Sigo sola, hace 15 minutos que busco el diario, pero nada. Estoy comenzando a pensar que tal vez alguien haya entrado a mi casa, alguien que pueda hacerlo. Tal vez invité a alguien, también. Como saberlo? No se ni siquiera qué día es hoy!



Rubén duerme. Son las 21.20hs, y Rubén duerme. Le molesto la oreja, sigue durmiendo. Arriba alguien hace ruido, alguien, algo, ruido. Rubén se despierta. Parece despierto pero dormido, no se mueve. Le molesto la oreja, nada de nuevo.




Encontré el diario, pero no es el de ayer. Ahora no se si faltan 2 o 3 meses para mi cumpleaños, no se si llego a mi cumpleaños. Tengo que orinar.

No pude, como de costumbre, pero sigo intentando. Fui a ver a la señora heladera, y creo que no está bien, ni ella ni todo lo que contiene. Por la ventana del living puedo escuchar el frió que hace afuera, no puedo evacuar sus desechos señora heladera, perdón.




Me dijo el médico que me cuide. Que se iba a pasar. Que no me moviera de la cama. Que tome mucha agua. Que coma liviano. Que no me haga mala sangre. Que no esté tan triste. Que si seguía llorando me iba a desidratar. Que tome mucha más agua. Que no hable por teléfono. Que no reciba visitar. Que no me mueva demasiado. Que duerma con varias almohadas. Que no llore más Jesucristo! Que me quede quieta. Que no me va a doler, fuck you. Que no grite. Que no pierda la paciencia. Que no marque ese número. Que no mire fotos viejas. Que piense en otras cosas.


La habitación está un pie más pequeña.
Ahora la cama choca contra el placar. Saco la cámara.

clik
clik
clik clik clik
clik
Rubén duerme
clik
clik clik me mira
clik espejo
clik
clik

La guardo.




Si respiro profundo o toso la cama se queja. Puedo escuchar lo molesta que se siente, y la entiendo. El espejo me devuelve unos ojos tristes más pequeños de lo normal. Rubén me mira atontado. Todavía duerme.



Estuve pensando en él, un rato. En nombres para hijos, una vez hablamos de eso, de nombres para hijos. Concordamos en varios, nombres cortos, que se puedan citar sin problemas, que no generen complejos. Queremos lo mismo. Hijos felices... de padres tristes. Dos personas tristes juntas solo se están metiendo en un problema. En realidad, en el fondo, aunque no sepa que día es hoy, se que es un día en que soy feliz, aunque esté triste, y se que lo amo, aunque lo desprecie. En cambio, el seguramente sabe en qué día corremos hoy, pero no sabe a dónde salir disparado, no sabe mi color preferido, mi lunar más gordo, como tampoco sabe si me ama, si está triste, o si solo quiere algo que no puede alcanzar. Le regalaría un libro. Donde los personajes fueran marionetas de otros dos personajes, pero que cada uno tenga la marioneta del otro, y que confluyan las historias en un final feliz. En eso también concordamos, los dos queremos un final feliz... de historias tristes. Si el comienzo y el nudo es triste, en el desenlace podemos tirar una bomba, terminar con la vida en la tierra... y va a ser un final feliz. Al menos nadie murió de cancer, al menos nadie agonizó. Como si fueran las dos peores cosas. Mi corazón está cerrándose, por el frió, pienso yo. Y una vez, una vez sintió que sabía algo. Me lo dijo, y lo guardé como el mejor recuerdo. Y así, tengo el corazón atosigado de recuerdos, metidos a presión algunos, vagando libremente otros. Esto sería más fácil si supiera qué día es hoy.
Porque ahora no se hace cuánto que no te veo.


La heladera terminó de descongelarse.