jueves 30 de junio de 2011

Cuando uno no sabe donde vive

No quiero molestar en tu oído. Así que te lo escribo.
Prefiero parecer distante, que meterme donde no debo.
Apariencias falsas te rodean, como entes,
como caminantes, con polleras de jean,
se disfrazan de día.
Ella es la causa de mi no-nacimiento. Si hubieras
seguido, ¿Hasta dónde hubieras ido?
Parece muerta, pero solo es blanca,
como la nieve, como la luz.
Hasta ayer no había un dedal cuidando mi hocico ,
y podía cantar las canciones más bellas,
canciones que te hubieran hecho dejar todo,
tu familia, tu casa, tu cama, tu final.
Siempre sostuve que los amores se unen, y que los
tigres de la memoria juegan con ellos,
para hacerlos volver.

Laura abre la puerta, y Carlos está en el piso de la cocina. Puede correr, puede todo parecer una cámara lenta, podemos sostener la respiración mientras se acerca, podemos apretar los puños, podemos golpear la mesa, podemos subir la montaña, podemos romper el cristal, podemos aprender a volar, podemos maldecir, podemos rezar, podemos detener el tiempo un segundo más, podemos tomar sus manos, no soltarla, no dejarla, que no mire, que no toque, que no sienta, que no trate, que no llegue, que no sea.
Podemos imaginarlo todo de nuevo y revivir a Carlos, pero no a Laura.