martes 11 de enero de 2011

Eva conoce a Única

Desde que conocí la primavera sombría de Única, me cuesta meterme en mi papel de suicida en ascenso, con ciertas asperezas hacia los métodos no tradicionales de cometer el hecho. Mi encuentro con ella, no fue casual, las charlas con el perro enredado entre las piernas, y la preocupación hacia el futuro, o hacia el no-futuro, no eran charlas casuales. Ella pudo notar las intenciones de nuestra amistad apenas me vio entrar en el jardín, apurada, llevándome por delante la canoa verde, y puteando en voz baja al que la puso ahí.
Fui yo misma, o lo que queda de mi, dijo su voz corrompida por litros de wisky, desde el interior de lo que en algún momento tal vez fue una casa alegre, con niños... o sin ellos.

La silla parecía incómoda, pero era lo más parecido a un mueble en ese comedor.